miércoles, septiembre 30, 2015

Raúl Rivero: Heberto Padilla y El Sexto en la misma cárcel



Padilla y El Sexto en la misma cárcel

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Más de cuatro décadas después de la prisión del poeta, Danilo Maldonado sufre a los mismos carceleros por su decisión de ser libre.
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Por Raúl Rivero
Madrid
29 Sep 2015 -

El único signo mágico de la represión política es que produce invisibilidad. Nadie lo veía ni lo quería ver. Sus viejos amigos, los jóvenes que aprendieron a entender la poesía con sus versos y los vecinos, los compañeros de la escuela primaria y del bachillerato se quedaban con los ojos vacíos cuando Heberto Padilla (Puerta de Golpe, 1932-Alabama, 2000) bajaba por La Rampa, una leve hondonada donde late toda La Habana, rumbo al malecón de mano con su mujer, la escritora Belkis Cuza Malé y, a veces, escoltados por Virgilio Piñera, el hombre que más miedo tenía en Cuba pero que nunca le alcanzó para que dejara solo al poeta de Fuera del juego.

Los poemas de Padilla y sus posiciones críticas con el Gobierno, que le cantaba en cualquier esquina a periodistas, visitantes extranjeros y a cuantos lo querían escuchar, lo tenían al borde la cárcel porque en ese tiempo, finales de los años 60, como ahora, como siempre desde 1959, la dictadura no permite disidencias.

El caso es que el coraje del poeta, su obra y la descarnada violencia que utilizó para borrarlo del escenario el aparato gubernamental marcaron la ruptura de una buena parte de la intelectualidad de América Latina y España con los jefes del estalinismo tropical, que parece mejor porque no requiere bufanda y el mojito es más suave y sabroso que el vodka siberiano y sus resacas emperradas.

Creo que aquellas imágenes del poeta de Provocaciones, Belkis Cuza y Virgilio como tres fantasmas lentos y silenciosos por la ciudad es la imagen más real de la cultura cubana de aquellos años. Lo demostró el mismo Padilla después de que lo encarcelaron junto a su esposa y le obligaran a hacer una autocrítica para dejarlo regresar, ahora con la policía en la puerta, a su pequeño apartamento de El Vedado. Después de hambres, desasosiegos y aventuras diversas, Padilla y Belkis salieron al exilio y Virgilio se quedó solo, regando las flores del jardín a la sombra estricta de su pamela.

(Heberto Padilla)

Esta semana se han cumplido 15 años de la muerte de Padilla en el exilio y su mensaje de rebeldía podría volver a lanzarse en la Isla porque si aquel trío invisible y desolado era el retrato vivo de la cultura cubana a finales del siglo pasado, la estampa de hoy es la de Danilo Maldonado, El Sexto, un pintor que está preso y sin juicio desde diciembre pasado por preparar una performance que no llegó a realizar.

El artista se propuso pasear por el Parque Central habanero dos cerdos que llevaban en el lomo los nombres de Fidel y Raúl. Lo arrestaron antes de soltar los animales y, desde entonces, está en una celda de castigo en una prisión de las afueras de la capital.

Maldonado también está solo. Dos o tres amigos trabajan dentro de Cuba por su libertad. Se ha declarado en huelga de hambre y desde el calabozo ha escrito un documento donde narra las duras condiciones de vida a que está sometido. La nota tiene timbres de despedida: "Esta quizás sea mi última carta desde aquí, la celda de castigo", dice, "y si sobrevivo escucharán más de mis labios. Por eso quiero decirles a todos que esperé demasiado para este momento de huelga, los cubanos hemos esperado demasiado para expulsar a estos bribones. Me siento orgulloso de ser al artista que soy y de hacer el arte que hago con la Cuba que represento", explica Maldonado.

He recordado a Heberto Padilla porque lo recuerdo siempre y, en este aniversario de su muerte, para prestarle su voz a un artista preso 45 años después de la prisión del poeta por los mismos carceleros y por la decisión de ser libre.

Este artículo apareció en El Mundo. Se reproduce con autorización del autor.