viernes, mayo 19, 2017

Dr. Alberto Roteta Dorado. José Martí, el hombre que amó a la patria de Lincoln. :

José Martí, el hombre que amó a la patria de Lincoln.




Estatua de José martí en el Parque Central de New York


Por Dr. Alberto Roteta Dorado.         
18-05-2017

Naples. Estados Unidos.- Este 19 de mayo los cubanos recordamos el 122 aniversario de la caída en combate de José Martí, el hombre que se ganó el calificativo de Apóstol no solo por la entereza de su entrega a la causa de la nación cubana, sino por sus virtudes espirituales y éticas que lo aproximan a aquellos primeros seguidores del cristianismo, algunos de ellos mártires, a los que se les llamó apóstoles.

Resulta lamentable que su figura y su enseñanza sean utilizadas de manera tergiversada por los encargados de dirigir los designios de los cubanos de la isla. Decir una vez más que no fue un socialista sería caer en la fórmula reiterativa que pretende salvarlo de las garras de los verdaderos monstruos, aquellos que en su afán de apoderarse de su colosal imagen quisieron presentarlo cual sagrado talismán de las doctrinas proclamadas por Marx, continuadas por Lenin y asumidas en Cuba por Fidel Castro.

Ya sabemos que no lo fue, y de haber sido un socialista, tendríamos que reconocerlo y aceptarlo ante la excelsitud de su obra en pos de la amada patria; pero tenemos suficientes elementos para refutar cualquier intento de aproximación a las tendencias socialistas, y aun más, tenemos la evidencia escrita de que no solo estuvo al margen de este sistema; sino que se pronunció contra él.

Desde su tiempo fue capaz de predecir con profética mirada los peligros del gran mal de la humanidad para el siglo venidero. Su valoración sobre un texto de Herbert Spencer llamado La esclavitud futura ha sido determinante para conocer su criterio sobre esta tendencia sociopolítica. “Herbert Spencer quiere enseñar cómo se va, por la excesiva protección a los pobres, a un estado socialista que sería a poco un estado corrompido, y luego un estado tiránico”, escribió Martí hacia el final del siglo XIX, cuando aun no se había extendido como sistema dominante por parte de Europa y Asia.

Con esta opinión – y muchas más que se pueden encontrar dispersas en su inmensa obra- no hay posibilidad de declararlo aliado y defensor de aquel sistema, que según su propia caracterización, es tiránico y corrupto, por lo que los comunistas cubanos tuvieron que acudir a otros recursos en su intento de aproximar al ejemplar héroe de Dos Ríos con el líder de la revolución cubana y con el proceso transformador que se iniciaba en toda la nación.

El infinito odio del tirano Fidel Castro hacia los Estados Unidos – no solo hacia sus gobiernos, líderes, mandatarios y políticos; sino a todo lo relacionado con el “enemigo del norte”, incluida la forma de vestir, el tipo de música, su literatura, etc. – hizo que se adueñara de algunas frases escritas y pronunciadas por Martí, las que hacen referencia a ciertas imperfecciones del sistema político estadounidense en el tiempo en que vivió en esta nación, y que como periodista ejemplar y fiel cronista de su tiempo supo criticar de manera imparcial, como lo hiciera también con el socialismo que describió Spencer en su libro. 

Quizás la frase que se ha llegado a estereotipar con mayor énfasis es la que aparece en la carta que Martí dirigió a Manuel Mercado, conocida como Testamento Político. Es aquí donde dice: “Viví en el monstruo, y le conozco las entrañas”, lo que ha sido manipulado por los teóricos socialistas cubanos, quienes sacaron la frase de su contexto histórico – el más grave error que se puede cometer al hacer cualquier análisis exegético de un texto-  para prolongar ese “monstruo” por más de un siglo y hacerlo coincidir con los sucesos del presente, una vez sacado de la contextualidad, con la caracterización que hiciera el Apóstol en 1895.

Hemos de analizar el por qué Martí se refirió al gobierno norteamericano de su tiempo de esa manera. En la propia carta explica que Eugenio Bryson, corresponsal del Herald, le contó acerca de un sindicato yanqui “con garantía de las aduanas, harto empeñadas con los rapaces bancos españoles, para que quede asidero a los del Norte; —incapacitado afortunadamente, por su entrabada y compleja constitución política, para emprender o apoyar la idea como obra de gobierno”-.  Pero lo más extraordinario del documento es que el propio reportero le confesó que durante sus conversaciones con Martínez Campos, supo las determinaciones del gobierno español para entenderse con los Estados Unidos “a rendir la Isla a los cubanos”, de ahí la idea del monstruo, si es que sabemos lo que significaba para el héroe cubano la libertad de su patria, por la que se inmoló en gesto emancipador al inicio de la contienda del noventa y cinco.

Por supuesto que los encargados de tergiversar la enseñanza del más extraordinario de los cubanos tomaron la frase – que ya alcanzó la celebridad entresacada de su realidad- y omitieron los verdaderos motivos por los que Martí, con una justificada preocupación ante el peligro inminente de posibilidades de anexionismo, se pronunciara contra lo que consideró “la anexión de los pueblos de nuestra América”.

Su firmeza política y sus ansias de ver a su patria libre del colonialismo español, pero no dependiendo para su desarrollo de otras naciones, en este caso Estados Unidos, le llevaron a pronunciarse contra aquellos que en su tiempo fueron partidarios de un anexionismo. La consulta del documento Vindicación de Cuba nos permitirá conocer los detalles de su postura política en este sentido, pero no solo esto, sino que en sus páginas escribió: “Amamos a la patria de Lincoln, tanto como tememos a la patria de Cutting”, lo que oculta el oficialismo cubano manteniendo un silencio sepulcral de esta primera parte de sus palabras, y en cambio sobredimensionan la idea de haber vivido en el monstruo.

No obstante, e independientemente a la frase que se ha tratado de imponer fuera de su contexto y adaptada a las actuales circunstancias, José Martí, además de haber escrito que amó a la patria de Lincoln, elogió a varios presidentes norteamericanos, dedicó sendos escritos que exaltan a importantes figuras de la ciencia, la religión, la historia, la filosofía y la política de esta nación, entre los que se destacan: Washington, de quien dijo: “miraba por la unión de los Estados como hubiera mirado por la de sus hijos”; Franklin, quien según Martí, sus defectos no podían “deslucir la majestad de su intelecto y la ternura y pureza con que amó a su patria”,  Webster, en quien “fue natural y constante lo grandioso” y Lincoln a quien llamó “el leñador de ojos piadosos”.

A esto jamás se hace referencia en Cuba ante el temor de que surja la duda y la incertidumbre en las generaciones de cubanos posteriores a 1959, los que crecieron bajo el adoctrinamiento de un José Martí que dejaba de ser Apóstol por la cercanía del calificativo a la idea de lo religioso, que proclamaron antiimperialista, y experimentaron poder situarlo en los cánones del socialismo, del ateísmo y del marxismo-leninismo, en lo que fracasaron ante las fuertes evidencias que demuestran lo contrario. 

Haber vivido en “las entrañas del monstruo” fue verdaderamente inspirador para José Martí, lo que no destacan los medios oficialistas cubanos empeñados en hacer prevalecer absurdas ideas que han acomodado a su conveniencia. La inmensa mayoría de sus ensayos, discursos y escritos periodísticos, fueron escritos en esta tierra que lo acogió, y le permitió ser reconocido como una de las figuras más influyentes de su tiempo, tanto en el terreno social y político, como en lo literario y lo filosófico.  Aquí pasó la mayor parte de su vida, y lejos de haberse sentido deprimido, decepcionado y eclipsado, encontró el medio que le inspirara para entregarnos sus enseñanzas, llevadas a un nivel de perfección y a tan elevado sentido de profundidad como pocos en el mundo de las letras hispanoamericanas han podido hacerlo.

Que se refirió a un norte revuelto y brutal, a un monstruo, y a un sentido expansionista, es cierto: ocultarlo sería caer en el mismo plano de los comunistas cubanos; pero hacer una exaltación más allá del tiempo y lugar, esto es, sacarlo de su contextualidad histórica, constituye una tergiversación de la bendita enseñanza del Apóstol, lo que han estado haciendo aquellos que adueñándose de la palabra del más genuino de los cubanos de todos los tiempos le han manipulado, y lo peor, presentan esa imagen ante el mundo como si fuera la verdadera, a los que hemos de enfrentar agregando que  también escribió que amaba a la patria de Lincoln, en la que desarrolló la mayor parte de su genial obra.